Tener Cáncer durante tanto tiempo, desde los 16, me ha enseñado muchas cosas y también me ha quitado muchas más: risas, alegría, vida, segundos, días de vida por estar triste, pensando en que era una sentencia de muerte. Hasta que un día entendí que Dios tenía un plan más grande. Según mi psicóloga, él te da tres respuestas: Uno: no. Dos: sí, pero aún no. Tres: Tengo algo mejor para ti, solo confía. Dios te dice confía en mi porque te amo y quiero lo mejor para mis hijos amados. Di a mi hijo por el perdón de tus pecados. Confía en mi, soy tu consuelo, te pondré en prados verdes. Descansa en mi, entrégame tus miedos. Me respondió: Tengo algo mejor para ti, confía en mí. Pon tu corazón y vida en mis manos. No te desesperes, no tengas miedos yo te elegí antes de nacer y te amo porque eres mi hija amada, la Niña de mis ojos y te puse nombre: Diana, Luisa, Daniela, Paola, Ana, Camila, Lorena, Camilo, Carlos, Andrés, Julio.
No le deseo a nadie el dolor que he sentido ni el sufrimiento del Cáncer. El dolor, el miedo en la cara de mamá y papá que temen por mi vida. Aunque confíen en Dios, en el fondo sus miedos y emociones son humanos: el dolor en mis primas de perderme, de no poder jugar más volley no poder ir a la piscina a Fusa a jugar y ver películas. Y cada persona que me quiere y me rodea tiene un poco de miedo.